Viernes, 28 de agosto de 2015


No, no me he suicidado ni nada por el estilo. Sigo aquí. ¿Os imagináis todas las cosas que me hubiera perdido si lo hubiera hecho? Al fin y al cabo, lo mires por donde lo mires, el suicidio sólo es el camino fácil y cobarde para salir de una situación, por muy mala y sin salida que se vea. Creo que es algo que  no ayuda a nadie y sólo causa dolor a tu alrededor; a la gente que te quiere (aunque, a veces, ni los ves, porque uno puede llegar a cegarse hasta puntos insospechados). Lo que pasa que cuando uno está metido en un pozo sin fondo no consigue llegar a ver la salida, incluso cuando la luz del exterior esté ahí, anunciándote que puedes salir de ese lugar espantoso, simplemente, si realmente te lo propones. El problema es que cuando llevas demasiado tiempo viendo oscuridad, acabas contaminándote de ella y no eres capaz de ver luz por muy luminosa que ésta pueda llegar a ser.

Digamos que llegó un momento en el que, por fin, reaccioné (tendría que haberlo hecho antes; no, nunca debería haberme permitido acabar así, directamente). Me di cuenta de que, quizás, podría bastar con un cambio de actitud. Se nota que en el fondo, yo no quería pensar como pensaba antes y, realmente, no me gustaba verme a mí misma así, sin motivación por/para nada. Había dos opciones: No hacer nada y acabar desbordada por todos mis problemas, o intentar ponerle remedio, al menos. ¿No se supone que un capitán se hunde con su barco luchando hasta final? Pues yo soy el capitán y mi barco es mi vida. Me fuera mal o no, al menos, tenía que hacer algo al respecto. Porque si mi destino era acabar mal, pues que así fuera, pero no porque yo había permitido que una actitud derrotista se apoderara de mí. El no ya no lo tenía, ¿no es así? Por tanto... ¿qué perdía intentando algo?

No estoy segura de qué fue lo que me reactivó, de repente. Admito que en el último año mi hermana mediana se dio cuenta más que nunca que estaba realmente mal, habló conmigo varias veces; incluso mi cuñado. Y me recordaron que yo era una persona inteligente, que siempre lo había sido (sólo que se me había olvidado por lo visto) y que podía lograr cualquier cosa que me propusiera. Ese año me habían quedado 6 asignaturas de toda la carrera. Yo, en verdad, estaba bastante asqueada de la carrera, una carrera que no me gustaba; pero que era lo que había podido hacer dentro de lo que había. Mi hermana me dijo que yo podía sacarme las asignaturas en septiembre, que me conocía y que sabía a ciencia cierta, que yo con poco era capaz de grandes cosas. Entonces, me paré a pensar que tenía que intentarlo, intentarlo de verdad, dejar a un lado mi desmotivación y, simplemente, hacer lo que tenía que hacer, sin pensarlo siquiera. Si tenía que actuar como un robot, pues que así fuera, pero tenía que  ir a por esas asignaturas y terminar esa asquerosa carrera que se me había atragantado de una puñetera vez. Al menos, había logrado sacarme con esfuerzo la asignatura de segundo que me cortaba las de tercero; es más, ya estaba limpia de todo primero y, sólo me quedaba una de segundo; lo demás era de tercero. Ahora más que nunca podía culminar si me lo proponía. Tenía mucho miedo a dos asignaturas que estaban ligadas (de segundo y tercero), más que nada por el profesor, porque era el que tenía más índices de suspensos en la carrera (la verdad es que hay varias asignaturas que siguen su ejemplo...).

El sistema educativo de este país es tan deficiente; está tan mal enfocado... Se puede salir de una carrera sin aprender prácticamente nada, porque la educación está enfocada a memorizar como papagallos para soltar parrafadas impresionantes en los exámenes, exactamente como lo escrito en los libros de texto, con puntos y comas (ésto sólo sirve para el examen; lo normal es que prácticamente al día siguiente se olvide, ya que la meta que parece proyectarse al alumnado es meramente aprobar y no aprender). ¿No habría que preocuparse más bien porque el alumnado comprendiese lo que está estudiando? Se está creando una sociedad laboral que no es capaz de llevar la teoría a la práctica.  No me extraña que las empresas no quieran contratar a gente sin experiencia... Lo que pasa es que cuando terminas los estudios poca experiencia laboral puedes tener, ya que aún no has trabajado... así que poco se puede hacer viendo los impedimentos presentados... ¿Qué futuro laboral nos espera a los estudiantes ahora? ¿De qué servirán nuestras titulaciones?

Finalmente, con un acto de valor sorprendente en mí, me presenté a todas las asignaturas en septiembre, sin importar lo juntos que estuviesen unos exámenes de otros. Consecuencias: un dolor de cabeza del copón, unas ojeras de campeonato, una falta de sueño inverosímil y... todas aprobadas salvo una, incluso las asignaturas más difíciles que eran las que más miedo me daban por los profesores más que nada. Lo fuerte es que la que suspendí saqué un cuatro alto. Fui a la revisión, pero no fue muy bien, ya que la profesora en cuestión era muy mal educada y no escuchaba a los alumnos, tratándolos como si fueran míseros insectos que debían agradecerle que les permitiera estar en su mera presencia. Recuerdo a la otra profesora que llevaba la asignatura con ella, callada como una muerta, mirándome como diciéndome "lo siento, pero manda ella" (bastante que se aventuró a decir que era una buena alumna, que se esforzó durante todo el curso, etc; pero le cortó la otra profesora de malos modos). Más de un alumno salió llorando de su despacho. Si al menos fuera mínimamente cortés... No se trata de que dé la razón al alumno, solamente se trata de que los trate con un mínimo de respeto y dignidad. Es gracioso, porque fue la última asignatura de mucha gente, una asignatura que precisamente no era de las más importantes. Irónico; mas así estaban las cosas.

Me presentaba, pues ante la siguiente situación: un año entero para una sola asignatura. Que pérdida de tiempo tan horrenda... Mi hermana, entonces, se aventuró a insinuarme que un ciclo de grado superior podría estar bien mientras aprobaba la asignatura. Nunca me lo había planteado. Desde el principio, parecía que sólo existía la posibilidad de carrera; de hecho, mi padre siempre desechó la idea de los ciclos por ser estudios inferiores a la carrera. El caso es que ésta vez no iba a hacer caso a las creencias de mi padre, pues tampoco es que me hubieran hecho mucho bien. Como tampoco perdía nada, eché prescripción en todos los ciclos que me llamaron la atención (y esta vez los elegí yo, sin que nadie me diera ni su opinión). Fueron 8 los escogidos (algunos repetidos, pero de diferentes centros). Tuve que hacerlo rápido y enterarme de todo casi sin tiempo, pues los plazos acabarían pronto. Por suerte, todo salió bien. Fue gracioso, porque me cogieron en el último que puse (el octavo), que era el que menos me llamó la atención de todos (de ahí su posición en la lista). De todos modos, no perdí el tiempo y reservé matrícula.

Todo esto lo hice sin comentar nada a mis padres y fue algo positivo, porque sentí que por fin hacía algo sólo por mí y que, además, sería una forma de ponerme a prueba a mí misma. Admito que lo hice sin presiones ni dudas, porque elegí centros públicos, para no tener que pagar matrícula y no tener que depender de mis padres para estudiar esta vez. Así, no había nada que perder. Todo lo que había en riesgo era bueno. Sólo cuando me matriculé o poco antes, se lo comuniqué a mis padres, pero ya la decisión estaba tomada y no había vuelta atrás.

Esta fue la mejor decisión que he tomado en mi vida. Aunque fue el último ciclo de la lista, era precisamente de algo que, descubrí, tenía relación con mis aficiones más queridas: escribir, dibujar y crear (muy dejadas de lado para mi gusto). Era un ciclo de grado superior de diseño gráfico. 

Por mucho que pudiera decepcionarme al final, me decidí a coger los estudios con ganas, pues yo los había escogido esta vez y lo hacía sólo por mí. Era algo conmigo misma.

Resultó que el ciclo me gustó y, a pesar de que había asignaturas feas, eso no influyó en mi motivación. Saqué ese lado que echaba en falta y que siempre tuve (parece que oculto durante tanto tiempo que hasta lo había olvidado), ese lado perfeccionista cuando me ponía a trabajar en algo, cuando quieres que algo te quede lo mejor posible y sino, por mucho que los demás te digan que está bien, no estás satisfecha contigo misma. Nada pudo con mi ánimo, ni empezar una semana más tarde, que es cuando pude matricularme, ni no entender ni papa de esos programas; porque me propuse coger el ritmo sí o sí. Pues tal y como dije, era una prueba que me imponía a mi persona y necesitaba realizarla con éxito, necesitaba demostrarme a mí misma que podía sacar lo mejor de mí, que podía recordar que estudiar era algo que SÍ me gustaba (lo que olvidé en tercero-cuarto de la E.S.O), que era inteligente; que era una persona que valía la pena; que era más grande de lo que había sentido todos estos años atrás, que podía vivir una vida que yo escogiera y me hiciera feliz, y que podía cambiar mi suerte si así me empeñaba en hacerlo. Me prometí que si salía limpia de todo (aprobar todo el ciclo y la asignatura de la carrera) me dedicaría un verano tranquilo, sin presiones ni estrés, sin pensar en nada más, libre para dibujar, escribir o cualquier cosa que simplemente desease hacer... Un verano sólo par mí...

Es curiosa la diferencia tan grande que hay con la carrera y el ciclo. Se aprende mucho más, se aprende de verdad. Los profesores explican, no se limitan a leer diapositivas en la pared o un libro textualmente como pasaba en la universidad en la mayoría de los casos. No podía entender cómo lo que se suponía que era un estudio de nivel inferior al universitario estuviera más enfocado al aprendizaje. Era, contra mi imaginación, más laborioso y más intensivo (los trabajos a elaborar eran constantes, siempre había algo que  hacer). Que poco tiempo libre me dejaba durante el año... sin embargo, merecía la pena, muchísimo. Y lo mejor de todo es que aplicábamos la teoría a la práctica a diario, con lo que podía decirse que podríamos en un futuro desenvolvernos solos sin problema.

Sólo puedo decir que este año me ha salido redondo. He aprobado todo y con buenas notas. Mi vida social ha sido más intensa que nunca, he conocido a mucha gente y he tenido experiencias de todo tipo en poco tiempo. Aunque todas no hayan sido buenas, no me ha importado, porque las he tomado, simplemente, como una experiencia más que me ayudará a madurar y aprender. Esto ha sido gracias a un cambio de actitud, en parte, pues aprendí a ver las cosas desde otro punto de vista (a veces, basta con cambiar el chip). Me di cuenta de lo siguiente: no hay que buscar oportunidades, simplemente aprovechar las que se te presentan, porque no sabes qué cosas te pueden deparar. Algo tan básico como ésto me ha ofrecido estar ante situaciones únicas que no hubieran ocurrido si las hubiera dejado pasar.

Recuerdo que un antiguo amigo me dijo un día al verme que estaba más guapa que antes, que era un pivonazo, jeje. Hacía tiempo que no nos veíamos, pero no podía haber cambiado tanto... Me paro a pensarlo y me doy cuenta que seguramente se debiera a mi cambio de actitud (lo fue en todos los aspectos), pues empecé a ver la vida como algo bueno que había que saber apreciar; saber disfrutar los pequeños momentos y, sobretodo, quererme a mí misma como era, tal cual (si no te quieres tú, ¿quién lo va a hacer?). Comprendí que la gente debía quererme como era, ser yo misma, y quien no me quisiera él se lo perdía. Pero, por nada del mundo, permitía que nadie nublara mi ánimo y comencé a brillar con luz propia, por así decirlo.

Una de esas oportunidades únicas que se te presentan una vez en la vida fue cuando conocí a mi actual pareja. Fue un día que ya de antemano sabía que no iba a salir, pues salí el día anterior y me comprometí a salir el día posterior, así que ese día intermedio era de descanso, de merecido descanso y de paréntesis. Que tampoco hacía falta salir tanto, fuese feria o no, jaja. Pero, entonces, por la noche, me contactó una compañera de clase para salir; a la que de primeras le dije que no, tal y como ya tenía contemplado en mi cabeza desde el principio. Pero, no sé porqué, cambié de opinión; decidí salir ya que se me presentaba la ocasión y me autovoncencí pensando que me recogería pronto y listo (cosa que no pasó, ya que me dieron las altas horas de la madruga al final, jeje... la vida es impredecible). El caso es que esa compañera de clase llevó también a su amigo de infancia, que tampoco iba a salir, fíjate como son las cosas... A pesar de lo que pensáramos él y yo, de lo que esperásemos de aquel día en concreto o de todos en general... Ese día nos conocimos y gracias a eso ahora estamos juntos. Conclusión: nunca desaprovechéis las oportunidades que os presenta la vida.

Ahora me paro a pensar ciertas cosas... Me doy cuenta de que tal vez todo pase por algo, incluso lo más desafortunado. Si yo no hubiera estado en informática antes que en mi segunda carrera, no hubiera conocido a mis amigas actuales, con las que he pasado momentos de los mejores. Llegué justo en el año de conocer a mis actuales mejores amigas, a las que no hubiera conocido si hubiera entrado a la carrera un año antes o un años después. El hecho de haber tardado lo que he tardado en sacarme la segunda carrera ha hecho que justo este año, y no otro, haya acabado en mi amado ciclo superior (y por el hecho de que tenía que aprovechar por haberme quedado una asignatura; lo mismo si hubiera terminado la carrera hubiera hecho otra cosa, lo más problable), gracias al cual he conocido a una de mis mejores amigas, una persona especial y noble, que ha demostrado su lealtad hacia mí en varias ocasiones y que vale la pena más que nadie que haya conocido, alguien que mira por mí sinceramente. Pero, también, este hecho de acabar justo este año en el ciclo superior ha provocado que haya tenido de compañera a la chica que me presentó a mi actual pareja, con la que no estaría si no hubiera llegado a pasar todo esto. Parece que fue una suerte que al final decidiera salir a la feria ese día que tenía tan claro que no iba a salir... ¿Da qué pensar o no? Parece que no hay mal que por bien no venga. Hasta las cosas malas tienen su razón de ser. ¿Será que todo pasa por algo?

Concluiré diciendo que ahora las cosas son como deben ser. A veces, para lograr esto sólo basta un cambio de actitud. Si eres infeliz alguna vez en tu vida, si las cosas no van bien, empieza por un cambio de actitud, porque es la chispa que da comienzo a todo un proceso con maravillosas consecuencias que puedes elegir tú. Es cierto que no todas las cosas que te pasan en la vida las decides tú, lamentablemente, y que unas son más terribles que otras; pero sí puedes decidir cómo actuar, qué decisión tomar cuando estás ante cada situación; eso no te lo puede quitar nadie. Decide con qué actitud afrontar la vida.

11-08-13


Tags: actitud, cambio, cambio de actitud, positivismo, nuevo comienzo, comienzo

Publicado por PositivoYNegativo @ 5:27  | personal
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